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24 de Septiembre, 2007
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CUENTOS |
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Se
despertó a la media noche y fue directo al escritorio. Estaba en boxers y
desnudo de la cintura para arriba. Unas medias negras protegían sus pies,
cargaban con el particular olor de los hongos producidos por el sudor. Por más
que lo intentase, no podía ignorar cuando la piel de sus axilas se pegaba por
el calor, así como el olor que venía del suelo, de sus pies. Sin embargo, puso
una hoja en la máquina y comenzó a teclear. La pista de plástico escalonada que
servía de teclado estaba hirviendo; impidiendo el objetivo de este hombre, cada
letra se pegaba a la piel de sus dedos como reteniéndolos. Él miraba hacia la
ventana de vez en cuando, esperando ver algo extraño, tal vez un vampiro o una
mujer en el otro edificio que hubiera escogido esa hora para cambiarse,
cualquier cosa. Por el contrario descubrió una serie infinita de ventanas
oscuras y ni siquiera los chupadores de sangre habían querido salir a beber.
Un
momento escribía: “bajo el chinchorro de fique y ladrillo”, y al otro: “no
sabemos si confesar o seguir matando”. Él tampoco sabía si levantarse y volver
a la cama; el caso es que de haberlo querido, habría sido imposible: sus pies
olorosos estaban pegados al suelo como dos vigas inamovibles. Sentía la firmeza
de sus tibias y cómo los talones eran cada vez más parte de la baldosa.
Arrastrar las plantas de sus pies era en todo momento imposible. Sus nalgas
comprimidas contra la madera de la silla optaban por quejarse con dolores que
no podían ser atendidos. En ese momento el hombre se supo conciente de la
plenitud de su cuerpo, no existía órgano en él que no fuese percibido en su
agonía.
Se
dio cuenta de que sus palabras no servían para nada, no había orden absoluto
que pudiese dar a sus vocablos que tuviese sentido. Pero seguía tecleando, como
teclea el secretario del cielo en el intersticio de su descanso. Hombres
encadenados uno a otro, formaban una fila y marchaban sobre sus brazos, unos
hacia los hombros y el resto, decididos a alcanzar las rodillas. Llevaban las
cabezas rapadas y uniformes negros de cuerpo entero. Sin notarlos, este hombre apreció
cómo se elevaba la tela de sus boxers, pues sobre la hoja en la máquina
aparecía: “tomó mi pija como si nunca hubiese visto otra igual y la meneó de
una forma tan experta, que supuse no era su primera vez”.
Era
imposible satisfacer al mandato de quien se había levantado, sus manos estaban
ocupadas. Pudo mirar hacia abajo y notar cómo le suplicaba un estímulo más
directo. De la angustia hizo que sus piernas temblaran desesperadas, así como
sus manos, que por más alboroto no cedían a su constante actividad de clavar
letras sobre la blancura virgen del papel. Intentó meneárselo con los muslos,
pero éstos eran incapaces de asirlo con firmeza. Deseó tener un perro fiel capaz
de cumplir la tarea irrealizable. Pero estaba solo. Pensó en llamar a algún
vecino, pues las únicas mujeres del edificio vivían en la primera planta. Pero,
¿quién estaría dispuesto a darle una meneada como Dios manda?
Entonces
comenzó a decir en voz extremadamente alta: “Sé que no soy digno de una paja,
pero señor del 611, venga en mi ayuda, creo que si no me corro ya, voy a
morir”. Ninguna respuesta del hombre del 611.
Luego,
haciendo el que pasa saliva, pues su garganta estaba seca en su totalidad y sin
posibilidad de lubricarse, pensó en gritar de nuevo: “Ayer tuvimos un
altercado, vecino del 609, pero le ruego venga y me ejerza un meneo inolvidable
y así, olvidar nuestras diferencias”. Ninguna respuesta del vecino del 609.
Intentó
saltar de la silla. Respiró hondo, pensó en su fiesta de cumpleaños para
distraer a sus órganos e hizo la mayor presión en toda una vida de
sedentarismo, pero sus manos, pies y culo no eran idiotas. Se mantuvieron en
sus trece. Volvió a quedar rendido, agotado sobre la madera caliente. Gritó
desocupando sus pulmones, su rostro enrojeció por el esfuerzo y una baba se
escapó de su boca y cayó sobre la punta de su pija. Algo extraño recorrió su
cuerpo, parecido a una leve excitación. Entusiasmado por el más grande de sus descubrimientos,
comenzó a escupir sobre sus boxers, y la saliva penetraba la tela. La sensación
del líquido sobre la punta de su pija era cada vez mejor que una paja, entonces
insultó a sus vecinos y siguió escupiendo. Pero pronto su saliva se terminó,
era tal el calor que había agotado todas sus reservas. Comenzó a escupir
cucarachas, y se detuvo por el asco. Sin embargo la sensación de las seis patas
caminando sobre la tela y provocando aún más la excitación de su pija lo obligó
a abrir de nuevo su boca y dejar que más bichos salieran de ella. Finalmente
logró la eyaculación. Por la fuerza en que el semen fue disparado, muchas de
las cucarachas que se encontraban desfilando sobre sus boxers salieron volando
y se estrellaron contra la ventana y el techo. El líquido viscoso que manaba de
sus cuerpos cayó sobre la cabeza del hombre, pero no le importó, se encontraba
en un estado de tranquilidad superior a las esperanzas de cualquier doctrina
oriental de meditación.
Con
el blanco de los ojos miró hacia la ventana y descubrió una silueta negra desde
afuera del edificio, como suspendida en el aire. Observó con detenimiento y
había alguien allí, de eso no cabía duda. Se levantó y caminó hacia el vidrio.
Aplastó unas cuantas cucarachas antes de llegar y posarse justo enfrente de la
ventana para descubrir al intruso que lo espiaba. No pudo ver más que las
formas negras de edificios, carros vagando por las calles de la ciudad, pero en
el momento preciso en que daba la vuelta para regresar a la cama, una imagen
sobre el vidrio congeló sus huesos. En el reflejo se encontraba una anciana con
rostro de satisfacción, como si, luego de numerosos intentos, hubiera
experimentado por fin ese placer tan exquisito que es correrse para un hombre. |
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publicado por
fernandotorres a las 22:24 · 3 Comentarios
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Tan absurdo como las moscas que se posan sobre mi periódico, su fatídico asesino, la mierda de sus patas sobre el armónico aroma de la misma mierda hecha palabras...Realmente me encantan las tuyas, un excelente producto, del que encantada tambien estoy de haber encontrado. Saludos. |
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publicado por Maria Frieden, el 28.09.2007 22:44 |
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TERMINAREMOS TODOS ASI Estimados : como Profesor Universitario, de la Universidad Kennedy. Dictaba cinco asignaturas, entre ellas, Ejercicio y Administración Farmacéutica. Con mas de 50 excelentes alumnos, inquisitivos, ávidos de adquirir conocimientos, mi misión además de enseñar Legislación Farmacéutica, era explicarles como es esta actividad comercialmente, tal es así, que como trabajo practico averiguamos al azar el costo de un descongestivo nasal en gotas, droga base nafazolina, tiempo en el mercado mas de 40 años, consultado el proveedor mas importante de drogas para la industria farmacéutica, dio el costo por frasco, 0,03 centavo, precio de venta 11,25 pesos, ganancia por unidad 37500 %, por supuesto esto no tiene parangón con ninguna actividad licita, a todo esto se me invita el 5 de junio de 2007 al Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se realizaron unas Jornadas sobre “ Ética y Medicamentos “ estando presentes, legisladores, funcionarios gremialistas , las Cámaras Farmacéutica que supuestamente no habían sido invitadas, pero ahí estaban en segunda fila, farmacéuticos, etc, finalizada la Jornada se podían exponer posiciones de cada uno que quisiera hablar, yo fui uno de ellos y en particular me dirigí a las Cámaras de la Industria a los que tenia a pocos metros, el drama es la accesibilidad de nuestro pueblo a los fármacos, se nos mueren compatriotas, en particular niños ,muchos de ellos muy pequeños y esta gente sin ninguna culpa gana el 37500 %, esto es un escándalo de proporciones y el Estado debe y puede solucionarlo, no puede hacerse el distraído . La respuesta a mis palabras no se hizo esperar, no para intentar solucionar el tema sino para sacarme del medio. Me cito mi Decano Dr, Capon Filas y La Directora de Farmacia Farmaceutica Magariños, y con un discurso Kafkiano e hiriente, me sacaron la cátedra de Farmacia, días después todas las demás, no estoy arrepentido, no puedo ser cómplice de tamaño despropósito. Como curiosidad mi ultimo sueldo, aguinaldo incluido fueron 231 Pesos. Lo saludo cordialmente. Profesor Universitario. Eduardo Marcelo Cocca e-mail : profcocca@gmail.com
ESTOS SON LOS MAIL DE LAS PERSONAS RESPONSABLES DE MI SEPARACION DE TODAS MIS CATEDRAS, ES A LOS EFECTOS DE QUE SI ALGUIEN LES QUIERE DECIR ALGO. UN FRATERNAL ABRAZO A TODOS EDUARDO COCCA Dr. : Rodolfo Capón Filas caponfilas@fibertel.com.ar Farmacéutica : Maria del Carmen Magariños magarino@biol.unlp.edu.ar |
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publicado por EDUARDO COCCA, el 16.12.2007 18:23 |
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SOBRE MÍ |
Coprólalo
Con la fiereza de un demonio traicionado
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